Ya veremos
Así que avanzábamos despacio porque pensábamos que, mientras cortáramos por la línea de puntos, la vida acabaría tomando la forma correcta
Nunca he sido mucho de pensar en el futuro. El futuro me parece un señor en una oficina, con una carpeta llena de papeles y ganas de preguntarme cosas que no sé contestar. Dónde se ve usted dentro de cinco años. Qué planes tiene. Cuánto quiere ahorrar. Quiere hijos. Quiere casa. Quiere morirse con alguien al lado o prefiere hacerlo hablando sola en la cocina.
No sé.
Nunca he sabido.
A mí me ha costado bastante llegar al jueves. Pedirme que piense en diez años me parece una falta de respeto hacia el jueves. El jueves tiene sus propios problemas. Hay que comprar café, corregir exámenes, contestar mensajes, poner una lavadora, revisar una factura, fingir que uno entiende lo que le pasa. Con eso ya hay trabajo suficiente.
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La gente que piensa mucho en el futuro me da miedo. Tienen una manera de mirar los años como si fueran pasillos de un supermercado. Pasillo tres, matrimonio. Pasillo cuatro, hijos. Pasillo cinco, enfermedad. Pasillo seis, jubilación. Luego van empujando el carro con mucha seguridad, como si no supieran que en cualquier momento puede joderse una rueda.



